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lunes, 26 de noviembre de 2012

LA OFENSIVA DEFINITORIA

LA OFENSIVA DEFINITORIA


EL ATAQUE A FOMENTO





El 15 de diciembre el comandante Guevara dirigió personalmente el derribo del puente de Falcón, sobre el río Sagua la Chica, en el tramo de la Carretera Central entre Placetas y Santa Clara. Al día siguiente comenzó el ataque a Fomento, donde el jefe de la plaza organizó la defensa distribuyendo sus fuerzas en varios puntos de resistencia, tales como el edificio de la empresa telefónica, la estación de radio local, el hotel Florida, el teatro Baroja y el cuartel, en el cual se agrupaban las fuerzas principales. Integraban la tropa enemiga la compañía 34 de operaciones, la guarnición del escuadrón de la localidad y personal de la Policía; en total, unos 140 defensores.



El Che colocó una fuerte emboscada en Nazareno, punto intermedio en la carretera que conduce a Placetas, y cerró la vía Báez-Santa Clara con el apoyo de las fuerzas del Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Entró antes del amanecer a la población, atacó los puntos de resistencia fuera del cuartel, los cuales se rindieron durante los primeros días de combate, y el 18 de diciembre concentró todas las fuerzas contra el reducto, que se rindió a las 16:30 horas con sus más de 130 soldados, clases y oficiales, con igual número de armas, entre las que se contaban un mortero 81 y una ametralladora 30.



Después de la fracasada ofensiva de la tiranía en El Pedrero, el Che elaboró la estrategia de la toma de Santa Clara. Dejó con un pelotón reforzado al capitán Julio Martínez, uno de mis mejores hombres, en San Blas para que mantuviera la posición liberada que ya teníamos en esa ona, que incluía además a Nuevo Mundo, La Sierrita y Mandulo.,

A las cinco de la mañana del 16 de diciembre de 1958 con el ataque al cuartel de Fomento arrancó la ofensiva definitoria. Horas antes, junto al Che, se habían acercado a la instalación, protegidos por una fuerte neblina, las tropas del comandante Víctor Bordón, las de los capitanes Joel Iglesias y Luis Alfonso Zayas, y las de los tenientes Manuel Hernández, Roberto Rodríguez y Miguel Álvarez.



Bordón:



El Che decidió que el capitán Silva y yo evitáramos los fuerzos que pudieran venir de Placetas y Cabaiguán. Nos emboscamos en la carreteras. Cuando se inició el combate, tanto Silva como yo íbamos y veníamos para observar cómo se desarrollaban las acciones contra el cuartel, ya que en el caso mío, tenía allí a los pelotones de Choy, Machín y Hornedo.



Al final, al ver que no iban a entrar refuerzos nos fuimos para el cuartel a apoyar los grupos hasta que fue rendido. Allí hubo muchas actitudes corajudas por parte de nuestra gente.



Armando Choy:



"Nosotros preguntamos: ¿Cómo empieza el ataque?, y nos dijeron: El primero que vea a un guardia, le dispara y lo mata; ahí arranca el combate. Las calles estaban alambradas con púas y esa noche me meto en una casa para ver si podía hacer algo, pero me fui porque era imposible.



"Como a las cuatro de la tarde se aparece el Che con Alfonso Zayas y hombres de su escolta y me pregunta por la misma casa en que yo ya me había metido antes, entonces le informo que está cerrada, y no tiene pasillo y me responde: Está bien, quédate aquí que yo me voy a meter. Comprobó y me mandó buscar y me dijo: Es verdad lo que tú dices, pero vamos a lanzar cocteles Molotov apagados para que se riegue la luz brillante y después los tiramos encendidos para quemar todo esto.



"Para tirar las botellas había que salir al portal y la casa daba por detrás del cuartel. El Che le quita de la mano los cocteles a Zayas y los empieza a lanzar. Lo más que hizo fue quemar la herrería, pero no donde estaban los guardias. Ahí me ordena que suban dos hombres al techo y los tiren. Le contesté: Si hacen eso los matan, y me ripostó: ¡Se suben ellos o me subo yo! Por suerte se realizó la acción y no sufrimos bajas.



"A las cinco de la mañana el Che me dice: Choy, ya me voy con mi gente y quédate tú hasta el amanecer. Yo le contesté: ¡Sí, Comandante!, pero por dentro me dije, y lo hice: Atrás de ti me voy, pues si esperaba el día de allí no había quien saliera, porque había que arrastrarse debajo de unas alambradas delante de todos los guardias."



Durante al ataque al cuartel de Fomento, sucedió otro hecho pintoresco con Zobeida Rodríguez, Mimí, la única mujer combatiente en la tropa de Bordón:



Mimí:



"El Che siempre repetía que el fusil había que ganárselo. Y yo me preguntaba:



¿Y cómo me lo voy a ganar? ¿Inyectando, curando o bañando heridos? Entonces cuando comienza la ofensiva y van a atacar a Fomento, me dejaron a mí con seis compañeros en Piedra Gorda cuidando una mochila y otros objetos.



"Al otro día les propuse a los muchachos ir para Fomento que quedaba a cinco kilómetros de allí, y ganarnos los fusiles. Y me siguieron todos. Ya cuando estábamos cerca y se oían los disparos, pedí separarnos para ser menos visibles, porque con el grupo entero nos iban a matar más fácilmente y debía quedar uno aunque fuera uno vivo para que dijera dónde estaban escondidos los equipos.



"Cogí por un lado del cuartel y me encontré con Juan Sabina, que me pregunta:



¿Y qué haces aquí? —Vengo a ganarme un fusil, me matan o cojo uno. El combate duró tres días y la avioneta tiraba bultos que al principio creíamos que eran bombas, y al ver que no explotaban me acerqué a uno, y vi que eran jamones prensados que se lo tiraban a los casquites y caían en nuestra parte. Yo los picaba y se los guardaba a la tropa nuestra.



"Cuando los guardias comenzaron a rendirse, hice así y cogí un Garand, y me lo puse al lado. El Che venía requisando todo el armamento, pero no se había fijado en mí todavía. Cuando me vio, dijo:



—¿Y vos qué hace aquí?



—Usted dijo que había que ganarse el fusil y yo vine a ganármelo.



"¿Y los hombres que estaban con usted?



"Bueno, si no los han matado, deben estar ganándose el fusil también.



"Tú sabes que eso es un libretazo y una indisciplina grave tuya.



"Yo empecé a llorar por el bochorno que sentí cuando el Che me dijo eso. Las lágrimas me caían en los pies como chorros de agua.



Entonces él me cogió por el rabo de muía y me dijo: Levanta la cabeza, media naranja, que eres una encojonada, y el fusil te lo ganaste."



El teniente Reynaldo Pérez Valencia defendía su plaza con sus conceptos militares de resistir hasta la última bala. Valencia clamaba por el envío de refuerzo y el apoyo de la aviación, mientras el jefe del tercer regimiento informaba que disponía de una sola compañía, aunque no podía acercarse por la carretera de Nazareno.



Y era imposible, en esa zona Bordón había colocado a un grupo de sus combatientes, entre ellos al teniente Israel Chávez:



"Bordón seleccionó a varios de sus hombres, y junto a otros dos pelotones pusimos dos emboscadas escalonadas en la carretera ie Nazareno y evitamos la entrada de los refuerzos. Cuando se convenció de que no iba entrar más apoyo enemigo nos lanzamos, con toda la fuerza, contra el cuartel de Fomento."



Gente:



"Yo me encontraba allí bajo las órdenes del capitán José ÍRamón Silva, que era el jefe de retaguardia de la Columna 8. fConmigo estaba Mariano Pérez López, alias Balí. Como transcurrían las horas me dijo: Aquí no pasa nada y me voy a tirar unos tiros a Fomento.



Él era un indisciplinado, pero muy valiente.



En la Sierra Maestra el Che no lo quiso en su tropa y él se trasladó solo para el Escambray.



Cuando se volvieron a encontrar aquí en el Escambray, le dijo: Jefe, de aquí sí no me puede botar, porque yo llegué primero. Lo miró y no le dijo nada.



"Me encabroné cuando me contó eso, pero acto seguido se montó en un yipi y se fue. No habían pasado ni dos horas cuando Mimí vino y me dijo que lo habían matado en el cuartel de Fomento. Él avanzó por donde no había ningún compañero nuestro.



Yo perdí los estribos porque era una amistad muy grande.



Tuve la oportunidad de velarlo unas horas en la funeraria.



Aún me parece estarlo viendo: Un hombre fuerte y de mediana estatura, y sobre todo, muy buen amigo.



" Alrededor de las 3:00 y las 4:00 de la tarde del 18 de diciembre el cuartel cayó rendido. Entre los primeros en entrar estaban el capitán Alfonso Zayas y el teniente Hornedo Rodríguez:



"En los ojos de Pérez Valencia estaba la del militar que había perdido su principal combate. Él defendía un honor militar en una república donde los principales jefes del Ejército le habían manchado el honor. El Che ordenó que le dejaran su pistola de oficial, y ante el asombro de todos nosotros, él pidió incorporarse a nuestras fuerzas. Nuestro jefe máximo aceptó tras observarlo detenidamente, y él terminó la lucha a nuestro lado."



Había que arrebatarle las armas al enemigo, y la política era la de no abusar de los soldados y clases que se cogían prisioneros. Eso contribuyó enormemente para que estos tuvieran confianza en nosotros para rendirse. Tenían garantía de que los soltábamos y después con la justicia revolucionaria, el que tuviera problema, sería juzgado.



La decisión de Fidel y el Cbe era que había que tomar cuartel por cuartel. Había que desarmar la estructura política y militar, pues de lo contrario el cambio social al que aspirábamos se convertía en una utopía.



En la requisa del armamento, Bordón le entregó a Israel Chávez, por orden del Che, el arma principal que tendría en adelante su tropa:



"Lo más que yo había tenido en mis manos era un Winchester. Y as conquistar el cuartel de Fomento, el Che le entrega una 30 a tardón para su tropa y este me la asigna a mí, mientras me alerta: )ice el Che que no se puede perder. Yo le iba a argumentar a Bordón jue nunca había visto ese tipo de arma, pero él se la llevó al vuelo y le mandó que viera a Blanco, que tenía una igual.



"No lo encontré, y después fui a ver a Rogelio Acevedo, que 10 era muy pedagogo a juzgar por la forma en que me contestó:



Mira, chico, a mí nadie me enseñó disparar con la 30. Tú haces así y te tiras detrás de ella, y dispara bastante por ahí pa'llá. Entonces yo pensé: Este como maestro está muy jodí'o, porque si tiro bastante acabo con el parque enseguida. Y llegué a una sabia conclusión: Tengo que aprender solo!



"Bordón me autorizó a formar una escuadra de seis hombres e incluí a Mimí, mi mujer. En el grupo se me fue sumando gente, y llegué a tener hasta cuarenta o cincuenta combatientes."



Chávez participó también en una misión que le dio el Che a Bordón de tomar un polvorín en San Diego sin disparar un tiro, con vistas a acrecentar el parque de municiones de su columna:



"Bordón escogió 14 hombres e hicimos una larga travesía desde el lomerío de Sancti Spíritus hasta la playa de Cienfuegos. Cruzamos de noche la bahía y después caminamos decenas de kilómetros hasta situarnos cerca del polvorín. Un hombre que chapeaba afuera, simpatizante nuestro, nos informó que adentro había 25 guardias, por lo que era imposible penetrarlo sin tirar un tiro.



"Se comu



nicó con el Che y este le ordenó regresar y que dejara sin efecto la misión. Nadie entendió aquello en aquel momento, mas ahora pienso que con la cantidad de explosivos que había allí, si se formaba un tiroteo no iba a quedar nadie con cabeza y hasta los campesinos de los alrededores iban a morir. Las municiones eran muy importantes para la ofensiva final, pero para el Che, lo principal era la vida nuestra y la de los demás."





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